28 mayo 2016

25 mayo 2016

Viajero

Posaban sus ojos
En aquella ciudad maldita
Que en vela se mantenía
Silenciosa y abatida.

Tenue e inmóvil
Su pálido rostro se reflejaba
A través de la ventana,
Dejábase llevar sin destino.

Entre sus dedos se deslizaban
Mil versos taciturnos.
Palabras de terciopelo
Lo envolvían con un velo espectral

Un poeta perdido
Entre la bruma del alba
Una aparición misteriosa
Que no pertenecía a este tiempo.