Un tintero vacío a un lado de tu cama,
el manto espectral de la noche
que nos envolvía fervientemente
Todas las constelaciones
habían sido escritas sobre mi cuerpo desnudo.
Todo olía a jazmín, aunque quizás fue todo mi invento
y quería recordarte así, con tu sublime encanto.
Jugaba a recordar cada detalle de tu alcoba
así podía imaginarnos a la perfección
entre beso y caricia, entre la noche y la madrugada.
Y entre carcajadas y bostezos
entre tu sonrisa y mis temores
me permitía ser imperfecta, genuina
y te regalaba todo de mí.
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