23 febrero 2016

XXIII

Se desliza dorada y en armonía
por la comisura de tus labios
una sonrisa que escondida
trataste de disimular.

Aluvión descontrolado de nervios
palpitantes, indecorosos
recorren serpenteantes
cada recoveco de tu alcoba.

Y en aquella oscuridad
un sedal plateado
se escurría por la ventana
y te envolvía de luz.

Una hojarasca que brillaba
ante mis ojos sorprendidos
que lo único que querían
era ser parte de vos.

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